“Medellin una ciudad que siente, vive y disfruta”


El olor de los árboles y los habitantes salvajes ya han desaparecido, la contaminación vehicular y la congestión peatonal son el cotidiano para muchos, las esquinas están repletas de vendedores y la publicidad inunda las calles, una historia perdida entre fachadas y estatuas de héroes nacionales.
Una ciudad que olvida sus tradiciones, es una ciudad que recuerda con sus acciones.

Historia

En 1541 Jorge Robledo realiza una expedición para conocer un valle con aguas cristalinas y diversidad en su flora y fauna, allí descubre que estas tierras ya estaban habitadas por indígenas “los aburrá”, situados en beneficio de la quebrada “Aná”, es así como la historia de este valle empieza y como poco a poco un pequeño caserío crece con el pasar del tiempo.

La población creció así como la religión y pronto se construiría una parroquia en madera y paja, la que pasaría a ser catedral y a medida del tiempo y con sus reconstrucciones terminaría por ser La Basílica Menor de Nuestra Señora de La Candelaria”1,en 1712 también se construiría la parroquia “eremita de la Veracruz de los Forasteros”, al rededor de las cuales se desarrollaría toda una sociedad. Con el pasar de los años el valle se convirtió en punto de encuentro para el comercio y la construcción de una civilización.

Con el crecimiento de su población también crecieron los espacios de socialización como barrios ,plazas, parques y bares, el valle empieza a tener aires de arquitectura europea y sus costumbres empiezan a caracterizar a una sociedad. La tecnología no se quedaba atrás y en 1921 se estableció el servicio de tranvía eléctrico, que partía del parque Berrio y llegaba a sitios como la America y Robledo, el servicio acorto los caminos pero se continuaba con medio de transporte equino ya fuese caballo o mula ya que los recorridos eran demasiado extensos y los automóviles solo los podían comprar los señores adinerados.

El campo industrial sobresalió el textil y se decide hacer un edificio de 35 pisos “el edifico Coltejer”, “las ciudades no escogen sus símbolos: la torre Eiffel fue un armatoste construido para la exposición universal de 1889, en París, y se quedó para siempre; la Estatua de la Libertad fue un regalo a Nueva York del gobierno francés y sigue, desde 1886, imbatible con su antorcha y su libro. Las ciudades no escogen sus símbolos, simplemente pasa. A Medellín, en esa repartición de destinos, le tocó el edificio Coltejer”2 , construido en 1972 por la compañía Colombiana de tejidos, llego a ser el mas alto del país, debajo de este están las bases de lo que era el Teatro Junin, emblema musical para esa época y contribuyente a la frase “juniniar”, la cual quiere decir salir a hacer un recorrido por la calle, con la intención de compartir un café, un té o el famoso jugo de mandarina de el tradicional “Astor”, o de cualquier otro establecimiento, “Juniniar” viene de una sociedad consumista y antojada pero mas que todo de una sociedad que le gusta compartir. En donde “Los jubilados reviven recuerdos y “arreglan el país” a la sombra de los arboles del parque Bolívar”3 permaneciendo horas enteras discutiendo sobre sus temas de política y presidentes.

En el afán de construir una ciudad sobresaliente se llevo a cambios con significados algo confusos, “se destruía centros de cultura para construir ostentosas edificaciones”4, a veces con mensajes como el dinero o el negocio va antes que el crecimiento social.

Muchas cosas se han perdido con el pasar del tiempo, una de ellas era una practica que se hacia comúnmente en los parques en donde señores, en pequeños carros rodantes hechos artesanalmente, eran adecuados con una gran cantidad de papelitos, los cuales tenían escrita alguna frase o parábola, la cual era elegida por un pequeño periquito o lorito, el cual también era el encargado de recibir el dinero a el cliente.

El sonido de los carros cada vez se ha vuelto mas abrumador y el trafico es cada vez mayor, el comercio llena las calles con puestos ambulantes y publicidad, inundando la ciudad de papeles que terminan siendo tirados a la basura. A pesar de sus altibajos la ciudad a sabido permanecer en el tiempo y sus habitantes cada vez mas respetan y valoran su patrimonio, haciendo de esta pequeña ciudad un lugar mejor.


Por: Julian Tejada Orozco



Bibliografia

1. Lisandro Ochoa, en su libro “Cosas viejas de la villa de la candelaria” ,colección Autores Antioqueños Volumen 8, Medellín-1984

2. El Coltejer y su larga tela por cortar, Alejandro Millán Valencia. En http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/E/el_coltejer_y_su_larga_tela_por_cortar/el_coltejer_y_su_larga_tela_por_cortar.asp, Publicado el 14 de febrero de 2010.

3. Así es Medellin, Ediciones Gamma y Somos Editores, Primera edición: diciembre 1992.

4. Historia de Medellin, http://www.sospaisa.com/Medell%C3%ADn/HistoriadeMedell%C3%ADn.aspx, consultado el 5 de noviembre de 2012.

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